EL CONJUNTO QUEÑUAL Y SU UCRONÍA EN LOS ANDES

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Discurso del Hijo Predilecto de Arequipa Juan Guillermo Carpio Muñoz, en la presentación del primer disco del Conjunto Queñual, 16 de octubre del 2015.

Estoy seguro que algunos no saben qué es un queñual y muchos no sabemos por qué estos artistas pusieron a su conjunto el nombre de Queñual. Queñual es un bosque de queñuas o quéñeguas, que son los árboles que crecen a mayor altura sobre la tierra. Como la cadena montañosa de Los Andes es la más extensa y alta de nuestro planeta, es el hábitat de la queñua. El árbol de la queñua es muy singular: su tronco y ramas están formados por miles de pequeñas y delgadísimas películas superpuestas, en que las de encima abrigan a las de abajo del inclemente frío en que se desarrolla esta planta, por eso su nombre científico es Polylepis Andina. Polylepis deriva de dos palabras griegas, poly (muchas) y letis (láminas). Por eso también el crecimiento de la queñua es muy lento, difícil, tortuoso y no logra ser un árbol alto. El frío viento cordillerano es el que amorosamente poliniza los queñuales.

Personalmente considero que es muy apropiado el nombre de Queñual de este conjunto musical por las siguientes múltiples razones y metáforas: Los propósitos artísticos de sus integrantes son muy altos, tan altos como nuestros macizos andinos: crear nuevos espacios para las estéticas ancestrales, enriqueciéndolas sin que pierdan identidad; y lo vienen logrando con mucho estudio, investigación, esfuerzo y talento. Celebramos los estupendos conciertos y espectáculos que han presentado con nombres tan sugestivos: Ladrón de Soledades, Bosquejo de la Eternidad, Mi casa eras tú, El Sol negro de Chabuca, Latidos Latinos y Reflejos Sicurianos. Hace solo dos meses, a teatro lleno en dos días consecutivos, hicieron gala de sus virtudes artísticas: Jaime Rodríguez (Director general), Pedro Rodríguez (Director musical), Juan Carlos Añamuro (Director escénico), Almendra Torres, Jazmín Torres, Doris Zuzunaga, Yawar Mestas, Mariela Torres, César Callo, Javier Torres, Julio Zegarra, John Cuevas, Marcelo Vega, Juan Carlos Rodríguez Farfán y Verónika Vizcarra (Productora ejecutiva). Vaya nuestro primer aplauso para ellos.

Haciendo honor a su nombre el Conjunto Queñual, bregando contra el frío viento hostil que en nuestro medio sopla contra las manifestaciones culturales, se ha esforzado y perseverado por once años y ahora nos entrega su primer disco, titulado Ucronía en Los Andes. Joya múltiple por contener 14 obras musicales compuestas, interpretadas, grabadas y presentadas con exquisita factura. En el excelente disco que me honro en presentar y recomendar que lo compren y escuchen, desfilan obras con inconfundibles estilos andinos como: los sikuris de Conima (Moho, Puno); zampoñas de Camilaca (Candarave, Tacna); Jacha Laquita (Larecaja, La Paz, Bolivia); huaynos ayacuchanos y arequipeños; etc. Incluso, en recreación de Pedro Rodríguez, nos entregan el Fortuna Imperatrix Mundi del Carmina Burana de Karl Orff, tocado por una tropa de sikus y bombos.

Felicito a la Universidad Católica San Pablo, que enriquece la vida cultural de Arequipa sosteniendo un programa cultural de primer nivel, el haber auspiciado la producción de este disco. Les sugiero que presente este disco en Lima y en los principales concursos internacionales de música ancestral. Merecen el segundo aplauso de la noche.

Finalmente, lo que a mi juicio es lo más trascendente de la labor del Conjunto Queñual. Aunque les parezca extraño las faldas y laderas del Chachani, Misti y Pichupichu estuvieron pobladas de queñuales. ¿Qué les pasó? Como por la resina y los miles de láminas que forman los troncos de la queñua, éstos sirven para hacer la leña y el carbón de más alto rendimiento que se conoce en el mundo, nuestros ancestros en la época colonial alimentaron con ellos todos sus fogones y en cuatrocientos años depredaron irremediablemente los bosques de queñuales hasta extinguirlos.
En nuestros días así se están extinguiendo nuestras culturas y músicas andinas ancestrales, entre otras razones, porque el prejuicio racista que nos carcome el alma y nos convierte en otros, nos machaca que son primitivas, feas y simplemente no las difunde ni las valora. Razón poderosa para elogiar a estos jóvenes artistas de Queñual que están investigando, recopilando, revalorando, recreando y difundiendo nuestra música ancestral.

Pero la infatigable y creadora brega del Conjunto Queñual se convierte en una epopeya pionera, si justipreciamos que estos artistas arequipeños, de viejo y de nuevo cuño, se han despercudido de los prejuicios racistas que campean en nuestra población y juventud y están diciéndoles a nuestros compatriotas del Altiplano que su música es hermosa, original, llena de alardes técnicos insospechados y de sensibilidad desbordante; y nos están diciendo a nosotros los Arequipas, que en una gran mayoría no quieren ser andinos, como si no serlo dependiera de quererlo. ¡Qué ironía! No querer ser andinos habiendo nacido o viviendo al pie de los imponentes Misti, Chachani, Pichupichu, Ampato, Sabancaya, etc.

Además, nos están diciendo a los Arequipas, que una de las más definitorias vertientes de la música arequipeña está en la música andina y específicamente en la música aimara que ellos cultivan con excelencia.

Sigan adelante queridos artistas y amigos del Conjunto Queñual, ustedes están demostrando cuán grande es el poder de la música para desvanecer las fronteras de los países, los prejuicios racistas y hasta los géneros del arte; ustedes están construyendo la más promisora Ucronía en Los Andes.

Juan Guillermo Carpio Muñoz
Arequipa, Barrio de San Lázaro, 16 de octubre del 2015.

Un comentario

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